Estoy en una habitación. Hay solo 10 personas más. Es un pequeño banco en la esquina de San Luis. Hay dos cajeras, una habla por teléfono mientras la otra atiende al primero de la cola. Yo soy el último.
El aire acondicionado está malogrado y la única briza posible entra cuando alguien pasa por la puerta. Ya son tres días desde que empezó la ola de calor. Me pregunto cuánto durará. ¿Quién sabe? Es una escusa para ir a la playita y ver a sus flaquitas. Pero puta mare estoy gordo, la cagada. ¡Verdad!, ¿qué será del gordo?, él y yo solíamos ser buenos amigos. Recuerdo que íbamos a las discotecas y de alguna manera, él se las ingeniaba para sacar a bailar a la más rica de todas y darle vueltas por toda la pista hasta por fin arrancarle un beso. ¡Carajo el gordo!, si solíamos fumar en la azotea de su jato hasta que su viejo nos descubrió y nos botó a patadas. Ja ja… claro, esa vez se quedó a dormir en mi casa y hablamos sobre su problemita de “belicoso”. Si pues el gordo también era de esos, si bien sonriente y divertido, también temperamental y terco, y con unos tragos, violento. Cuantas veces he tenido que intervenir a detenerle y me he llevado más de un golpe en la cara. Ja ja… pero esos golpes valen la pena. Sobre todo cuando está Fito que aunque no quiera también le cae. Claro pues, Fito es calculador, el piensa todo con mucha anticipación, se imagina el qué dirán, el cómo y el por qué, con quién pelearse y con quien no, quién es hijo de quién y quién le puede favorecer en un futuro. En resumen, Fito es un paranoico bastante inteligente. El andaba conmigo y el gordo, aunque era algo nervioso y chato, pero recio. Si pues… ¿qué andarán haciendo?, tal vez un cebichito, es la hora.
El aire acondicionado está malogrado y la única briza posible entra cuando alguien pasa por la puerta. Ya son tres días desde que empezó la ola de calor. Me pregunto cuánto durará. ¿Quién sabe? Es una escusa para ir a la playita y ver a sus flaquitas. Pero puta mare estoy gordo, la cagada. ¡Verdad!, ¿qué será del gordo?, él y yo solíamos ser buenos amigos. Recuerdo que íbamos a las discotecas y de alguna manera, él se las ingeniaba para sacar a bailar a la más rica de todas y darle vueltas por toda la pista hasta por fin arrancarle un beso. ¡Carajo el gordo!, si solíamos fumar en la azotea de su jato hasta que su viejo nos descubrió y nos botó a patadas. Ja ja… claro, esa vez se quedó a dormir en mi casa y hablamos sobre su problemita de “belicoso”. Si pues el gordo también era de esos, si bien sonriente y divertido, también temperamental y terco, y con unos tragos, violento. Cuantas veces he tenido que intervenir a detenerle y me he llevado más de un golpe en la cara. Ja ja… pero esos golpes valen la pena. Sobre todo cuando está Fito que aunque no quiera también le cae. Claro pues, Fito es calculador, el piensa todo con mucha anticipación, se imagina el qué dirán, el cómo y el por qué, con quién pelearse y con quien no, quién es hijo de quién y quién le puede favorecer en un futuro. En resumen, Fito es un paranoico bastante inteligente. El andaba conmigo y el gordo, aunque era algo nervioso y chato, pero recio. Si pues… ¿qué andarán haciendo?, tal vez un cebichito, es la hora.
Salió la persona que estaba con la cajera, se demoró un culo, que chévere ya llega mi turno. Si esto termina rápido fácil voy al chifa antes de que sierren el buffet.
Pero no. En ese preciso instante, en ese preciso minuto que por mis pensamientos pasó chifa, tuvo que suceder. Algo que es de películas y se los juro pensé que era lo más lejano a la realidad en la que yo vivo. Pero entraron dos hombres, armados de revolver, golpearon al anciano que se retiraba e intimidaron al guardia lo suficiente para que este les tirase su arma. Adiós chifa la ¡P$%#%$&! Que piña. Pero aún no dicen nada, se han quedado callados. Ahora, ¿qué haría el gordo?... Creo que se molestaría. Si, estaría reventando porque le llegan al pincho los choros y además su temperamento no le permite ser muy tolerante ante este tipo de situaciones. Entonces diría “¡Qué pasa carajo!, ¿Me quieren robar a mi?...” y los miraría con una ceja levantada y la vena en la frente latiendo. “¿A mí?”. Diría y explotaría. Los choros no sabrían que hacer y en la confusión el gordo aprovecharía y le metería un cabezazo a uno, para luego patear al otro en la cara. Olvidé mencionar que el gordo es bastante alto. Y rubio (la razón por la que digo esto es porque a él le importa que lo haga cada vez que lo mencione)[1]. Luego de que los tuviera en el piso tomaría el revólver que el guardia, en un chorro de valentía, le arrojó después de lanzarse al suelo. Recibió un balazo en el brazo derecho por eso y, posteriormente, una medalla de honor dada por la alcaldesa Susana Villarán. En fin, el gordo tomaría la pistola y los amenazaría al instante dejándolos congelados y sin chance de sorpresa. La policía y la prensa llegaría y él se negaría a cualquier entrevista. Sin embargo, ¿qué sucediese si aquí estuviera Fito?... Él… él tendría la valentía para enfrentarlo, no, él no. El se escondería en algún lado y vería, antes que nada, cómo salir ileso. Su celular siempre cargado y conectado en todo momento al twiter, le haría fácil postear la situación y hasta colgar una foto. Sin perder tiempo, luego de eso, llamaría a uno de sus amigos mafiosos o al hijo de un militar y no tardarían en llegar unos abusivos que sabrían como manejar muy bien la situación. No habría ningún rehén por que por medio de mensajes de texto, le avisarían por donde y qué lugar entrarían. El sabría donde juntar a la gente aterrada y los calmaría si es que llega a ocurrir un tiroteo. El guardia aquí no se metería y Fito sería el que recibiera la medalla de honor. Por supuesto sin olvidar su magnífico discurso que cautivaría hasta la alcaldesa y le abriría las puertas a la política.
Pero… ¿qué hago yo? ¿Debería de actuar como Fito o como el gordo? No soy tan listo como uno, ni tan fuerte como el otro. No tengo una noble moral que me permita arriesgar mi vida por los demás, ni la determinación para hacerlo y sin hablar de los nervios de acero. Pero puedo combinarlos, ¿qué tendría que hacer? Primero esconderme detrás de una columna, lo suficiente para que no me vean usar mi celular. Marcar el número de la policía sería inútil pues una de las cajeras ya lo hubiese hecho y estarían, seguro, atrapados en el tráfico. Claro, llamaría a Fito, quien se encargaría de traer ayuda. Mientras él se dirigiera aquí, distraería a los secuestradores hablándoles. Espero no estén coqueados. Mientras una de las cajeras, gracias a las explicaciones escritas en la pantalla de mi celular sobre su caja, reuniría al resto de los rehenes en una esquina. El guardia quien estaría con ellos, escucharía atentamente las indicaciones de la cajera, quien le diría que tome el extintor, que se acerque a ellos por detrás de las cajas, donde no lo pueden ver y les rociase con el frío gas, para luego yo lanzarme encima de uno, tomar su revólver o el del guardia y dispararle al otro. Si… tal vez tenga que matarlo, me costará pero tendré que hacerlo. Está bien, lo haré, si lo haré. Por mi madre y hermanos que me esperan, por ella que aún no me nota, por mis amigos y todas las personas a ¡las que nos llega al pincho que nos roben!, por todo eso lo haré. Porque no soy un cobarde y ¡Dios mío que estas en el cielo tú eres mi testigo!, ¡hoy seré un héroe!, ¡hoy me conocerá el mundo! ¡Vamos Carajo!...
¡Bang!
Solo sonó una vez, una simple bastó, para que todo el coraje que había ganado, se convirtiese en un líquido caliente que ahora bajaba por mis muslos. Me arrodillé con las manos en la cabeza. Boté una lágrima de impotencia. Tal ves ellos hubiesen hecho lo mismo. Se acercaron gritando y recordé que aún no había cobrado el giro y no tenía ni un sol. Ojalá no me peguen por misio.
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