6 jul 2012

Pasión de Jueves por la noche


Vas caminando, es un día tranquilo como cualquier otro, bajas del carro y caminas hacia tu salón. Unos caminan apurados, otros relajados, unos observan todo, otros no ven nada. Saludas a la gente que conoces y tu atención se centra, sin querer, en una SILUETA que necesitó de solo un segundo para llamar tu atención.

1 dic 2011

El trato de Tobar

En la oficina del doctor Gabriel, quien hablaba con su asistente y aprendiz Alexandra...

Caída Libre

Don Omar Herrera tenía una vida, como muchos dirían, completa. Todos sus sueños eran realidad e incluso un premio Nobel relucía en una de las vitrinas de su oficina privada. Tenía una mujer y un varón, ahora mayores, con su primera esposa y tres adolecentes con la segunda, a quien le llevaba veinte años de diferencia. Si, la clásica historia del profesor y una de sus alumnas universitarias. Pero Don Omar nunca sacó los pies del plato. No, el pobre enviudó a la edad de 30 y crió solo a sus dos primeros hijos, al menos durante doce años, hasta que apareció Clarisa, una amiga de su hija mayor, quien desde ese día se inscribió y no faltó a ninguno de (como a él le gustaba decir) conversatorios. Clarisa pudo cavar en la dura corteza que cubría el corazón de Don Omar y, con más de un detalle coqueto, de esos que nos llaman a la mirada, la que siempre terminará por sobre los labios mordidos y el hombro descubierto, pudo arrancar a Don Omar de sus miserables recuerdos y someterlo al tabú de estar con una estudiante. Que excitantes fueron sus reuniones en la oficina y alguna ocasional a finales de clase. Clarisa se las ingenió una vez para llevarlo hasta el armario del conserje. Don Omar se sentía rejuvenecido.

25 oct 2011

En el parque donde las vi


Estoy solo con ella sentado en la banca de un parque. Qué curioso, nunca pensé que volvería a estar aquí. Ah… los recuerdos. En ellos veo su rostro. Terso y resplandeciente, con su sonrisa reflejando la luz del sol. “Ven por aquí” me diría y embobado sería arrastrado por la mínima fuerza que ella ejerciera sobre sus manos al jalar. Veríamos los patos nadando bajo el puentecillo, nos arrojaríamos al gras y mientras yo bosquejase a un petirrojo ella se distraería con alguna flor. Un beso ocasional y un abrazo repentino serían bastante comunes en una situación como tal. Pues nuestros deseos y gustos distintos, nos harían cruzarnos de cuando en cuando en el recorrido, sin que lo hagamos juntos y como reiríamos. Pero…