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Pedro tenía un amigo, su nombre era Alingo. Él era muy bueno, muy amable, muy ficticio y a Pedro le encantaba jugar con él. Y Pedro creció y se dio cuenta de que, a Alingo, le faltaba un pene, así que le puso uno. Luego volvió a crecer y se dio cuenta de que a Alingo le faltaban amigos, entonces los consiguió. Pedro creció aún más y se dio cuenta de que a Alingo le faltaba una novia , así que consiguió una para sí mismo y para él. Pedro y Alingo compartían todo. Y así Pedro ingresó a la universidad y se dio cuenta de que a Alingo le faltaba diversión, entonces, junto a él, empezó a salir a fiestas y discotecas, a Pedro le iba muy bien en todo... y se dio cuenta de que le faltaba pensamiento, pero esta vez, a Alingo no le faltaba nada. Pedro entonces se dio cuenta de que le faltaba soledad y se alejó de Alingo.
Pedro creció mucho, tanto que llegó a olvidarse de Alingo, se aisló y siempre estuvo solo. Solo celebraba sus diplomas y solo jugaba Nintendo, solo trabajaba, estudiaba, hablaba y comía, solo socializaba, solo… sin Alingo. Pedro podía ser feliz pero no lo era. Y pues, fue allí, cuando Pedro se dio cuenta de que le faltaba algo, allí, recordó a Alingo y salió en su búsqueda. Pedro buscó y buscó por días enteros e incontables noches, recorrió los desiertos más áridos y las cumbres más altas.
Pedro al fin regresó, solo, sin encontrar a Alingo. A Pedro le consumía la congoja, nada calmaba su dolor,pero entonces, en uno de esos bares, en aquellos lugares a los que uno suele ir cuando la vida pierde sentido. Fue allí que se reencontró con Alingo, igualmente solo, pues le faltaba Pedro.
Conversaron durante horas y horas, poniendose al día con las novedades de cada uno. Ambos habían crecido mucho, pero Alingo seguía siendo el mismo de siempre. Alingo entonces, regresó para él y Pedro volvía a ser feliz pues sabía que él estaría allí siempre. La relación de Pedro y Alingo creció. Los hijos de Alingo y los de Pedro se hicieron amigos, sin embargo no volvió a ser igual, nunca como en su niñez, pero aún así, Alingo estaría allí.
Pedro creció mucho, tanto que llegó a olvidarse de Alingo, se aisló y siempre estuvo solo. Solo celebraba sus diplomas y solo jugaba Nintendo, solo trabajaba, estudiaba, hablaba y comía, solo socializaba, solo… sin Alingo. Pedro podía ser feliz pero no lo era. Y pues, fue allí, cuando Pedro se dio cuenta de que le faltaba algo, allí, recordó a Alingo y salió en su búsqueda. Pedro buscó y buscó por días enteros e incontables noches, recorrió los desiertos más áridos y las cumbres más altas.
Pedro al fin regresó, solo, sin encontrar a Alingo. A Pedro le consumía la congoja, nada calmaba su dolor,pero entonces, en uno de esos bares, en aquellos lugares a los que uno suele ir cuando la vida pierde sentido. Fue allí que se reencontró con Alingo, igualmente solo, pues le faltaba Pedro.
Conversaron durante horas y horas, poniendose al día con las novedades de cada uno. Ambos habían crecido mucho, pero Alingo seguía siendo el mismo de siempre. Alingo entonces, regresó para él y Pedro volvía a ser feliz pues sabía que él estaría allí siempre. La relación de Pedro y Alingo creció. Los hijos de Alingo y los de Pedro se hicieron amigos, sin embargo no volvió a ser igual, nunca como en su niñez, pero aún así, Alingo estaría allí.
A veces creemos que el madurar, significa dejar todas aquellas cosas que hacíamos cuando pequeños, pero lo cierto es que, lo que en verdad debemos de hacer, es saber cuando hacerlas.
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