El amor es una curiosa palabra, pero, ¿alguien sabe cuál es su verdadero significado?, pues tal vez no. Muchos dicen que es la emoción más grande que puede sentir un ser humano, que los hace tocar las estrellas, que los hace ver el infinito, que los vuelve ciegos, locos. Y siempre señalando a la persona de la cual se enamoran como responsable de todo esto. Un ser divino que solo existe para la satisfacción personal de quien estuviese a su costado, una bendición, ¡Un ángel que ha bajado de los cielos para iluminar cada rincón de tu sistema nervioso! Una persona que te completa, que te alimenta, que trae consigo una paz interior que inunda todo tu cuerpo, hasta que hace explotar tu corazón.
Aquello es la persona a quien "amamos", siempre algo que nos hace sentir bien, que nos gusta, que nos satisface en todas las necesidades, juramos poder vivir del amor, es lo que nos da vida, es aquello que “nos”, que “nos”; pues el amor es egoísta, ¡Yo quiero! ¡Yo quiero! grita tu corazón de manera que lo escuches y que todo sea para ti, ¡Yo quiero! te vuelve a gritar de tal manera que si no consigue su propósito te castiga con el más grande de los sufrimientos, con la más grande de las desgracias, te castiga como tal vez solo lo sepa hacer Dios. Y es con Él, con quien muchas veces lo comparan, con Dios, pues el amor es tan grande…
Y tan grande es el odio, la sensación que nos obliga a olvidar todo aquello que aprendimos mientras amábamos, la sensación de vacío que nos lleva a la desesperación, aquella que desocupa el interior de nuestra cabeza para llenarla con nada más que sentimientos de ira y resentimiento. El odio, aquel que solo puede venir después de haber amado, pues solo se puede odiar a quien amas. Y el mismo, cuando lo notas, no es con nadie más que contigo. Te odias por no estar con aquella persona, te odias y te echas la culpa, te odias y te desprecias, eres la peor escoria del mundo, eres el burro al que todos cargan con sus costales de pesares, eres una mala lección de caricatura, eres una falsa moraleja, no eres nada.
El odio nos lleva al sufrimiento, a tal vez un sufrimiento que pudiéramos llamar “épico” o “eterno”, sin embargo, no lo es. El odio es algo que no se debe expresar físicamente, sino al contrario, guardarle luto, guardárselo a tu corazón, solo, pues solo estas. El odio afecta a quien estuviese a tu lado, pudre hasta la maleza a tu alrededor, te deja en un estado de inconsciencia.
Y es allí cuando ves la luz, pues las personas solo son capaces de ver las cosas como son, cuando han visto las dos caras de la moneda. Es allí cuando comprendes que un sueño egoísta y superfluo no te puede llevar a la felicidad, cuando entiendes que aquella caída solo es una etapa de la vida que necesitas para despertar.
Te liberas, tal vez dure días, tal vez meses, tal vez años, mientras menos mejor, cosa que no es fácil. Pero comprendes que el amor es desinteresado, comprendes que el amor no existe para sufrir por él, sino para gozarlo, el amor es nuestro regalo como ser humano y debemos de compartirlo. Y buscas amar, pero ya no a una pareja, no solo a una vida, si no a quien te dé la oportunidad. Amas a tus amigos, amas a las personas con quienes trabajas o estudias (o al menos lo intentas) llegas a comprender el amor que le tienes a tu familia, o en algunos casos recién lo empiezas a asumir, ¡Amas!, amas la naturaleza y la entiendes, amas el mundo y lo defiendes. Y llega alguien, alguien que puede soportar toda tu sobrecarga de amor, alguien a quien le puedes expresar todas tus ansias, alguien que te entiende y a quien entiendes, alguien privilegiado, a quien puedes amar con ferocidad, con un amor puro y desinteresado, donde el motivo de tu felicidad se vuelva principalmente su felicidad.
Y así llegas a la divina Ataraxia o a la paz del Nirvana (si es que hay alguna diferencia). Al estado donde aún existen cosas que te pueden entristecer o molestar, pero nunca hacerte infeliz, pues es así como te sientes y lo seguirás haciendo, feliz. Amando a tu amada(o), amando a tu familia, a tus amigos, a la Naturaleza o al Universo (Dios) y a los demás como a ti mismo. Solo aquel quien aprende a AMAR es feliz.
Un pequeño y bonito pensamiento para compartir.
ResponderEliminarEl párrafo 6 me gusta. Las palabras que salen de nuestra boca o de nuestras manos (palabras del alma de igual forma) son sino la mejor, una de las mejores formas de expresar lo que siente el ser humando, aprovecha ese talento que tienes para seguir escribiendo y mandando de alguna forma esos mensajes al mundo que todo escritor envia directa o indirectamente. Un abrazo mi hermano!
ResponderEliminaraquella caída solo es una etapa de la vida que necesitas para despertar. Muy cierto, me encanto :)
ResponderEliminar