En una pequeña provincia al norte del país, vivía Elsa de Quijote y Muñoz. Una bella dama de unos 40 años, que había dedicado toda su vida a las labores sociales locales y ahora trabajaba en la municipalidad como secretaria. Sin embargo ella no necesitaba del dinero, su marido, don Tomás Quijote y Muñoz, trabajaba en una petrolera de por allí, y pues ganaba lo suficiente y hasta más.
Un día doña Elsa entró a la nueva tienda de ropa que había abierto en la calle 42 y Juanito, el encargado de quince años, quedó impactado por su belleza. Tal vez fue la imaginación del joven o las mañas coquetas de la mujer por conseguir descuentos, lo que hizo que Juanito pensara que ella se sentía atraída por él. Y así el muchacho se ilusionó.